Creemos que la Biblia es la Palabra de Dios

Tanto el Antiguo, como el Nuevo Testamento, son inspirados por Dios, la revelación de Dios para el hombre y la única regla infalible de fe y conducta. Es superior a la conciencia y la razón, sin ser contraria a éstas. (2Timoteo 3:15-17, 1Tesalonicenses 2:13, 2Pedro1:21).

El mensaje de la Biblia se dirige a toda la humanidad, puesto que la revelación de Dios en Cristo y en las Escrituras es inalterable. Por medio de ella el Espíritu Santo sigue hablando hoy. El ilumina la mente del pueblo de Dios en cada cultura, para percibir la verdad nuevamente con sus propios ojos, y así muestra a toda la iglesia más de la multiforme sabiduría de Dios. (Isa. 55:11; 1 Cor. 1:21; Rom. 1:16; Mat. 5:17,18; Judas 3, Ef. 1:17,18; 3:10,18.)


Creemos que hay un solo Dios.  


Creador del universo, los cielos, la tierra, y el hombre, el cual es infinitamente perfecto, existiendo eternamente en tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo. (Deuteronomio 6:4, Isaías 40: 28, Mateo 28:19, Lucas 3:22, Juan 17: 6 y 18, Efesios 1: 11, 1Timoteo 1:15-17). Creemos que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, con el propósito de tener comunión con Dios, más por su caída causada por el pecado y desobediencia el hombre necesita reconciliarse con Dios. La única esperanza de reconciliación es Jesucristo mismo, cuya sangre nos limpia de todo pecado y cuyo Espíritu nos da testimonio de nuestra salvación. (Génesis 1:26,27, 1Juan 1:7, Romanos 8:16). 


Creemos que Jesucristo es Dios.

Divinidad de Cristo: concebido virginalmente por obra del Espíritu Santo. Tomó condición de hombre, forma de siervo, fue crucificado, derramó su sangre, fue sepultado y luego resucitó corporalmente de entre los muertos, venciendo así el imperio de la muerte y dando esperanza de vida a todo aquel que por su pecado había sido destituido de la gloria de Dios. (Mateo 1:18-25, Lucas 1:31,35, Juan 1:1,14, Fil. 2:7-8).


Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos y los beneficios que obtuvo en la cruz del calvario son para los creyentes de todos los tiempos, por lo tanto, el sana físicamente e 6 interiormente el alma, liberta de posesiones y opresiones de demonios que impiden que los hombres vivan una vida en abundancia. Esta autoridad Dios la ha delegado a los creyentes tal como lo hizo con sus doce discípulos. (Lucas 4:18-20, Isaías 61:1-4, Mateo 8:16-17, Hebreos 13:8, Marcos 16:17-20, Hechos 16:16-18, Hechos 19:10-20, Santiago 5:14-15, 1 Pedro 2:24).

Creemos en el Espíritu Santo.

Quien guía y dirige la Iglesia de Jesucristo en todos los tiempos, desde el día de Pentecostés hasta hoy, quien llama, aparta, comisiona, da dones espirituales y pone líderes en la Iglesia. (Hechos 13:2, 20:28). El Espíritu Santo, es el director principal de las Iglesias Cristianas Fuente de Salvación, por tanto, los líderes deben vivir una vida santa, para que de esta forma puedan dirigir fielmente los destinos del ministerio.

Hace residencia en el creyente y da dones espirituales a su iglesia, incluyendo la manifestación de los dones de lenguas, profecía, sanidades y milagros (Hechos 1:4, 1Corintios 12:1-10, 2Corintios 3:17, Isaías 53:4,5, Mateo 8:16,17, 1 Pedro 4:10; Gal.5:22).


Da la investidura de poder cumplir con la obra desafiante del ministerio de Cristo y que puede manifestarse mediante el derramamiento de los diferentes dones espirituales, los cuales lo reparte el Espíritu Santo sobre cada creyente como él quiere. (Lucas 24:49, Hechos 1:8, 2:4,42, 1Corintios 12).

Creemos en la Trinidad.


Es un misterio profundo que la mente finita no puede sondear. Este término no se encuentra en la Biblia, pero el concepto aparece en ella con claridad. Podemos definir la Trinidad como un Dios único y verdadero, pero en la unidad de la Deidad hay tres personas, Padre, Hijo y el Espíritu Santo, co-eternas y co-iguales; iguales en su sustancia y distintos en la forma que se han revelado en la historia de la humanidad. Es omnipotente, omnisciente y omnipresente. (1Juan 5:7 1Jn.5:7 Génesis. 1:1 Gn.1:26,27. Mateo 28: 18-20, Jn.14:26. Dn.7:13,14. Mateo 3: 16, 17, 2 Corintios 13: 14; 1 Pedro 1:2)

Creemos en la caída del hombre, el pecado y su castigo.

El hombre, según vino de la mano de Dios, su creador, era perfecto. La ley justa que Dios le dio hablaba de vida condicionada a su obediencia y amenazaba con muerte la desobediencia. Satanás usó la sutil serpiente para traer a Eva al pecado y entonces ella sedujo a Adán, quien libremente violó la ley bajo la cual había sido creado y también el mandamiento de Dios de no comer del fruto prohibido. Plugo a Dios, conforme a su sabio y santo propósito, permitir este pecado proponiéndose ordenarlo para su propia gloria. (Génesis 2:16,17, Gn. 3:12,13; 2 Co. 11:3). Creemos que el pecado nos separa de nuestra comunión con Dios. Deliberadamente el ser humano incurrió en desobediencia contra su creador. Este acto corrompe y trae el juicio divino. (Génesis 3).